Infraestructuras críticas

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Los conceptos de seguridad y protección han formado parte de la realidad cotidiana de las sociedades civilizadas desde tiempos remotos. A medida que la evolución de estas sociedades pretéritas fue abandonado el modelo nómada de supervivencia para fundar los primeros asentamientos, la necesidad de defender las tempranas representaciones de propiedad y territorio pasó a representar no solo un requisito, sino que con el tiempo se materializó en actividades específicas de protección y defensa cuya competencia asumieron ciertos individuos de la colectividad. Sin abundar en el detalle, esto dio lugar con el tiempo a los estados, ejércitos y cuerpos policiales los cuales, cada uno en su realidad tecnológica, desarrollaron y aplicaron las mejores soluciones para lograr alcanzar las mayores cuotas de seguridad y protección.

Desafortunadamente, la amenaza evoluciona a la par que la sociedad y su realidad tecnológica. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en las torres gemelas de Nueva York y muy especialmente los del 11 de marzo de 2004 en Madrid, marcaron un punto de inflexión en relación con la realidad de estas amenazas, hasta el punto de que ese mismo año la comisión de la comunidad europea preparó una comunicación al consejo y al parlamento europeo para que se elaborara un plan europeo de protección de las infraestructuras críticas en la lucha contra el terrorismo.

Esta, y otras comunicaciones posteriores, culminaron en la Directiva 2008/114/CE del Consejo, sobre la identificación y designación de infraestructuras críticas europeas y la evaluación de la necesidad de mejorar su protección, traspuesta como Ley 8/2011, de 28 de abril, por la que se establecen medidas para la protección de las infraestructuras críticas, en la legislación española.

Dentro de esta Ley (capítulo 2 apartado h) se enumeran los criterios horizontales de criticidad para el estudio y evaluación de las consecuencias derivados de un ataque a una infraestructura crítica, que incluye el grado de impacto económico, medioambiental, sobre la salud pública e incluso sobre el grado de deterioro sobre la confianza en las Administraciones públicas. En su anexo además enumera los sectores donde se pueden llegar a identificar estas infraestructuras críticas entre las que se encuentran la Administración, Industrias nucleares y químicas, Agua, Energía, Salud, Transporte, Comunicaciones, Alimentación y Banca entre otros.

Ese mismo año, es aprobado también un importante número de reglamentos en forma de Órdenes ministeriales, INT/315-318/2011, sobre empresas de seguridad privada y su personal, medidas de seguridad privada y sobre el funcionamiento de los sistemas de alarma en el ámbito de la seguridad privada, siendo esta última orden la que establece los requisitos de los sistemas de protección electrónica para la protección de infraestructuras críticas.

Con esta perspectiva, se hace evidente que los actores que participan de uno u otro modo para proporcionar protección y seguridad han tenido que ir especializando sus conocimientos ya sea en cuestiones legales, normativas o puramente tecnológicas. Además, no debemos olvidar que existe un factor determinante en relación con la experiencia, como conocimiento de alto valor cuando hablamos de afrontar nuevas amenazas.

Aquí es donde toma relevancia la comunidad en el sector de la seguridad industrial, no doméstica, entre los que encontraríamos los profesionales de la seguridad privada, legisladores y autoridades, los proveedores de productos, las ingenierías especializadas, y muy especialmente los fabricantes, que además suelen ser una importante fuente de conocimiento.

Su plataforma de integración, se ha ido consolidando durante estos 25 años como la herramienta adecuada para la planificación e implementación de los centros de control de más alto nivel, donde la combinación de sistemas se ha desarrollado de forma óptima, dotando a los operadores de los recursos y nivel de control que requiere la actividad de gestionar y proteger sus instalaciones, todo ello en permanente colaboración con los fabricantes de equipos de seguridad y el instalador de seguridad, quienes han contribuido a modelar la versátil y potente solución que hoy se ofrece.

Esta atención al sector, a la realidad tecnológica y situación normativa, han favorecido además que Desico, desde sus inicios haya incorporado en su catálogo una línea de equipos de seguridad, centrales de intrusión, especialmente desarrollados para su aplicación en instalaciones de tipo industrial, que han experimentado el mismo grado de evolución que el resto de producto de la compañía.

Cuando el sector se enfrentaba a los retos que planteaba la protección de infraestructuras críticas, Desico, fiel a su esencia de proveedor de soluciones, desarrolló la central de intrusión C2200 específicamente para aplicaciones de Grado 4 de seguridad, de acuerdo con lo establecido en la legislación, obteniendo el certificado acreditativo a principios de 2016.

La central C2200 se desarrolló teniendo en cuenta las características singulares de las potenciales infraestructuras críticas y los requisitos de integración, dando como resultado el equipo adecuado tanto para pequeños emplazamientos remotos como para instalaciones con un elevado número de zonas ya que hereda el modularidad presente en anteriores modelos como la central de intrusión C2100 certificada en Grado 3.

Este tipo de enfoque, que entiende el pasado con la mirada puesta en el futuro y los pies en el presente, contribuye de forma notable a superar los retos que la sociedad y el avance de las tecnologías nos plantean de forma continuada en este nuestro sector, el de la seguridad, donde, como en la vida, elegir el compañero de viaje adecuado puede suponer la diferencia entre el éxito o el fracaso.