19 julio, 2024

VIRALIZACIONES FALSAS, UN JUEGO SOCIAL

 

Las redes sociales son el medio en el que las noticias se difunden más rápido. La reacción a acontecimientos se produce casi en tiempo real. Por ejemplo, en Twitter, más de la mitad de los “retwits” ocurre en los primeros treinta minutos después del evento.

Los usuarios reaccionan a las noticias en forma refleja y con un comportamiento emocional. En consecuencia, estados de ánimo como la indignación o la duda se propagan muy rápido. El experto en ciencias de la información Bernhard Pörksen se refiere a este fenómeno afirmando que las redes sociales son una “red que actúa de forma nerviosa, que con poca provocación genera mucha reacción”. Así pues, la cultura popular de la red supone un terreno especialmente abonado para la difusión de falsedades.

Para nadie es una sorpresa el poder que nos han demostrado tener las redes sociales.

Información, diversión, fotografías, videos, deportes, y hasta pornografía “disfrazada”, son tan solo algunos de los temas que podemos encontrar en estos sitios.

Las redes sociales pueden aumentar la popularidad o inclusive “golpear y tirar” a alguna personalidad celebre.

Este uso de redes sociales con información falsa y la poca confirmación por parte de quien las comparte ha hecho que el mundo tome decisiones “equivocadas” o diferentes a las del sentido común.

Existen varios ejemplos muy característicos de esta mala información y ambas tienen que ver con la decisión del pueblo vía votación social.

En todos estos casos, la información falsa que se posteó y difundió, logró que las personas usuarias activas de estas redes sociales, se dedicaran a compartir y darle like a hechos, eventos y declaraciones que en ocasiones son inexistentes o falsos.

Al compartir esta información si verificar adecuadamente su fuente original, se corre el riesgo de influir en las decisiones de miles de personas que creen que lo que están leyendo es la pura verdad, dando como resultado el hecho de que al momento de expresar su opinión en una votación, esta decisión no sea pensada ni analizada, sino que se actúa solamente por impulso.

Se considera la “guerrilla digital” en donde sin armas y solo comentar o compartir lo que se recibe, se piensa que se pueden generar los cambios de decisiones en el mundo.

 

¿Por qué tanta credibilidad?

Otro aspecto importante es que las redes sociales solo muestran a un fragmento particular de la realidad que el usuario prefiere ver. No se trata de una visión completa. El sociólogo Jan-Hinrik Schmidt habla de “un público personal”.

En ningún otro lugar existen menos obstáculos financieros, técnicos y políticos para hacer oír la opinión que en las redes sociales. La falta de jerarquía y control propician que cualquier persona pueda poner a circular un contenido falso. Se puede tomar partido en una discusión, sin expresar o justificar su opinión, por medio del botón de “compartir”.

Hemos visto que Internet es más proclive a la noticia falsa que otros medios por dos razones: por la accesibilidad, que permite que cualquiera pueda crear un contenido falso, y por la viralidad de la propia red.

 

Por ejemplo un caso muy particular es el caso de “Alberto” un folleto con su teléfono se viralizó rápidamente y miles de personas corrieron a consultarle a Alberto por sus “clases de Spinner”, el famoso juguete que es furor en la Argentina tuvo cientos de consultas, la recomendación de un grupo de psicólogos y psiquiatras y hasta la convocatoria de un grupo de documentalistas mexicanos que lo contactaron para tenerlo en un especial que producían.

Alberto, expreso en las noticias que las últimas horas fueron un verdadero calvario. Debió desinstalar el Whatsapp de su teléfono por la gran cantidad de consultas que recibía a pesar de que nada tiene que ver. “No tengo idea de ese juego, alguien puso un cartel, le sacaron una foto y lo viralizaron”, aclara el hombre de 67 años.

Alberto se dedica a la informática y desconoce quién podrá ser la persona que le jugó la broma pesada por la que ahora recibe cientos de llamadas a diario y una gran cantidad de mensajes. “No me insultan, todo lo contrario: todo el mundo quiere tomar clases de Spinner, me piden que les haga un hueco de horario, están muy entusiasmados, sobre todos los padres, porque tengo entendido que hay chicos con autismo que utilizan el juguete”, señala.

Lo curioso es el grado de aceptación que tuvo el falso folleto. Según Alberto, lo llamaron “de todos lados”: “Hay un foro de psicólogos y psiquiatras que me recomendaba. ¿Cómo un psiquiatra o psicólogo puede recomendarme si ni siquiera me conoce? Es una barbaridad”, se queja el hombre. Incluso, de varios medios de comunicación lo contactaron, pero lo más insólito fue el llamado que recibió desde México: “Querían entrevistarme para un documental”.

Si bien este caso no pasó a mayores, en el último tiempo se ha puesto como una tendencia que a veces puede ser  muy peligrosa: compartir información sin comprobar su veracidad. Preocupación causa una tendencia creciente en las redes sociales a compartir información que resulta ser falsa. Todo porque no se comprueba debidamente su veracidad. El fenómeno se encuentra en pleno auge. Refugiados delincuentes, periodistas mentirosos, políticos corruptos. Lo que se presenta como un hecho no es con frecuencia más que una campaña de difamación. Se trata de un juego de perspectivas con el lector; que puede llegar a crear un problema en materia de seguridad, debido a que en muchas ocasiones se alerta a la población con falsas alarmas.

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