18 julio, 2024

Teniendo  como finalidad principal mejorar el rendimiento y la productividad, así como potenciar el desarrollo personal y la calidad de vida laboral de los empleados en el trabajo.

Para que esto ocurra y, obtener un resultado satisfactorio, se debe poner  énfasis en la comunicación.

Dentro de las organizaciones aparecen dos tipos de comunicación: la formal, que es aquella que da la propia organización como tal y la informal, que es tipo de comunicación espontánea que se da cuando un trabajador necesita ponerse en contacto con otro pero sin que exista un canal formal.

Los procesos de comunicación, desde una perspectiva sistemática, permiten a la organización mantener la coordinación entre sus distintas partes y alcanzar así, su característica esencial: la de ser un sistema.  La acción coordinadora y el trabajo en equipo, frente al trabajo en solitario sin interacción cooperativa y coordinada, contribuirán a lograr los objetivos estratégicos.

El pensamiento estratégico lleva implícito un mensaje de cambio: la necesidad de adaptación al entorno cambiante en el que vive la organización. En este contexto la comunicación interna permite la introducción, difusión, aceptación e interiorización de nuevos valores y pautas de gestión que acompañan el desarrollo organizacional.

Por otro lado, unos de los objetivos que toda organización persigue es que sus trabajadores estén motivados, identificados con los objetivos organizacionales. Ellos deben  estar informados para sentirse parte activa de la organización y, que de la participación, reciba el adecuado reconocimiento.

Uno de los problemas que suelen aparecer en las comunicaciones descendentes son: la ambigüedad, imprecisión y vaguedad de los mensajes o la contradicción  de las órdenes trasmitidas. La consecuente confusión generada puede manifestarse en disfuncionalidades en la realización de la tarea o incumplimiento   de algunas de las órdenes contradictorias.

Desde la perspectiva de la psicología del trabajo, ésta se preocupa de la actividad concreta de cada trabajador y se interesa más por el tipo de tareas que tiene, el ambiente laboral, los horarios laborales, la carga de trabajo, conflictos de rol, el síndrome de burn out y el error del trabajador. Mientras que la psicología de las organizaciones tiene un enfoque más amplio y estudia más allá del trabajador, la organización en la que está inmerso y su relación con ésta. Ambas perspectivas se consideran complementarias para poder entender la conducta de los trabajadores en sus empresas y cada una se centra en sus objetos de estudio.

Finalizando la lectura de lo expresado, podemos concluir que la función de un técnico es lograr un equilibrio satisfactorio entre EL TRABAJADOR y por qué no de LA EMPRESA. Siendo, el primero, su foco principal preservando la salud psicofísica del mismo mediante procesos de enseñanza-aprendizaje, utilizando distintos elementos que colaboren con este fin. Mejorando así el proceso de producción de la empresa logrando optimizar los resultados de este último.

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